el que busca encuentra

martes, 5 de febrero de 2013

Amor

Este fin de semana me preguntaron si alguna vez me habían llevado serenata. Eso hizo que me pusiera a pensar e hiciera un recuento rápido de mis relaciones amorosas. Y llegué a la conclusión que he vivido muchas cosas, buenas y malas. No alcancé a hacer el balance y decidir si fueron más las primeras que las segundas pero pensándolo en este momento puedo decir que sí, que las vivencias bonitas superan -o por lo menos- compensan bastante bien lo no tan bueno. 

Me han llevado serenata, han escrito en el chismográfo de la secundaria que yo les gustaba, me han regalado flores, me han dicho que me querían muchísimo, he tenido orgasmos múltiples, me han cargado la mochila, se han querido casar conmigo, me han dado anillo de compromiso, he viajado y conocido lugares con quien he querido en ese momento, me he sentido la mujer más hermosa y más deseada del planeta, han hecho que me sonroje, me han escrito poemas, he hablado hasta la madrugada y tenido las conversaciones más tiernas y las más candentes también, recorrí muchos kilómetros para ver a alguien y alguien más lo hizo por mí, he fantaseado con vidas futuras e hijos inexistentes, tuve el vestido de novia de princesa con la fiesta más fabulosa y la luna de miel soñada, he amado mucho y me la he pasado bien...

También me han roto el corazón, me han hecho los dramas más elaborados, he derramado muchas lágrimas y me he sentido culpable de hacer sentir mal a alguien, he sentido que nunca más iba a encontrar el amor, he hecho berrinches y me he arrepetido, he querido dar más de un golpe, me han terminado y he terminado, me han friendzoneado e ignorado olímpicamente y he jurado nunca más enamorarme... 

Después de todo esto, quizá ya no espero grandes gestos. Quizá valore más en estos momentos que laven los trastes a un ramo de flores o ya no fantaseo con tul, satín y pétalos de rosa como sinónimo de romance. Lo que sigo buscando y esperando es que llegue alguien que me diga: "al fin te encontré y no pienso dejarte ir".   

viernes, 30 de noviembre de 2012

Casi dos meses sin actualizar. Y no, no es que se me hayan acabado las palabras o que no tenga nada que decir. Quizá es que voy a vaciarlo al twitter, en corto, como una catarsis inmediata en menos de 140 caracteres.

Pero a veces eso no es suficiente. A veces es necesario reunir las ideas, digerirlas, plasmarlas y verlas todas juntas. Cuando decidí abrir el blog fue porque necesitaba un espacio donde acomodar lo que no se puede tener adentro, pero que tampoco tiene sentido que esté afuera. El blog es una especie de limbo.

Y ya se acaba otro año. Y esta vida es tan distinta a la que fue el año pasado. Y el pasado. Y el anterior a ese. Y no se si eso es malo o bueno. Sigo siendo yo, aunque soy distinta. Sería raro si no lo fuera después de todas estas vivencias. Se que en ocasiones sueno como anciana, pero es verdad que a veces siento que he vivido demasiadas cosas para tan poco tiempo.

Y si se fijan bien, digo "he vivido" y no "me han pasado". Ya estoy dejando esa maldita costumbre de sentir que todo me pasa, como si fuera una hoja en el viento. La vida no es así. Uno vive lo que elige vivir, por difícil que cueste creerlo, por difícil que cueste asumirlo. Estoy en eso.



viernes, 12 de octubre de 2012

Hoy mi madre no me quiso.
La he rondado horas enteras
pero nada, no me quiso
ni me ha pegado siquiera.
Salgo a morir al valdío
volteando todas las puertas.

Arde el sol en el silencio
amarillo de la siesta.

Ni gatos ni vigilantes
sólo la calle desierta .

¿Cómo me voy a morir

sin que mi madre me vea?


-"Primera soledad" de Armando T. Gómez

domingo, 9 de septiembre de 2012

I´m back.

Wow. Ahora sí he tardado mucho en actualizar este blog. Quizá me pase como a muchos otros, hay otros intereses, otras cosas que hacer... "ya no me representa"... 

Aunque este blog sigue representándome. Sigo siendo yo. Siempre. Y lo de hace años también. Eso sólo que la vida ahora me tiene muy ocupada. Después del año sabático que me tomé -que me tuve que tomar- vuelvo a la rutina de estar al mil en el trabajo. Y estoy feliz. Cansada pero feliz. Me siento feliz de darme cuenta que no he perdido nada de lo que me constituía. Tuve mucho miedo todo este tiempo. Miedo de que la pérdida hubiera sido tal que el vacío se hubiera quedado para siempre conmigo. Miedo que la tristeza hubiera arrasado con todo. 

En varios momentos me sentí así. Como si solamente hubiera quedado un cascarón de mi. A veces me encontraba personas o platicaba con gente que hacía mucho que no veía y al hablarles de mí, de lo que hacía de pronto me sentía como una impostora, como alguien que había sido pero ya no más. Y eso dolía. Mucho. 

Y ahora me doy cuenta que todo eso fue una fase, una etapa. Necesaria pero no eterna. Y me siento feliz de ser capaz de volver al ruedo. Saber que la fuerza de mi abuelo y de Rosa están dentro de mí, que su ejemplo me ha constituído, han influido en mí más de lo que yo pensaba y que gracias a ello estoy de vuelta. 

Vuelvo a sentirme útil, a sentir que lo que hago es valioso y que soy buena en lo que hago. Sí, es cansado levantarse a las 5 de la mañana todos los días, viajar, dejar solos a mis perros, pero es satisfactorio saber que no he perdido mi mojo. ¡¡¡I´m back baby, I´m back!!! 

miércoles, 18 de julio de 2012

Siguiendo el ejemplo del Fénix

Tengo un buen rato sin actualizar y me disculpo con ustedes, queridos lectores, por eso. No es que se me hayan agotado las ideas, es más, siento que tengo una maraña en la cabeza. Quizá ese sea el problema, que no se por donde empezar. Me estoy moviendo y eso cuesta trabajo.

Es difícil retomar el camino: el trabajo, las amistades, la vida social. No es fácil dejar de estar echa bolita en la cama escondida del mundo como si eso hiciera que la vida se detuviera. Ahora que salgo me doy cuenta de que no es así, que la vida siguió y que tengo que enfrentarme a ese hecho. Llenarme de valor y volver a hacerme un lugar allá afuera.

En momentos me enojo. No puedo creer que de nuevo esté pidiendo trabajo, como hace 9 años que egresé de la universidad. Se que no soy aquella de 21 años. Pero aún así, me confronta con mi narcisismo, con esa Marianita que se enfurece porque no le reconocen lo que sabe, lo que ha hecho.

Ni modo. He tenido otras crisis y he salido de ellas, con herramientas, aprendizajes. Cicatrices, sí, pero ninguna herida mortal, afortunadamente.

Aquí sigo.

viernes, 15 de junio de 2012

El cuerpo y su lenguaje. El lenguaje en el cuerpo

Pues bien, lo hice. De adolescente siempre está la curiosidad de ¿qué se sentirá tener un tatuaje? y si lo tuviera ¿dónde lo tendría? pero bueno, son de esas cosas que se quedan entre los escombros de la construcción de la vida adulta.

Sin embargo -y lo saben quienes han leído este blog- el año pasado llegó a mi vida un terremoto que arrasó con todo. Murió mi tía Rosa y mi abuelo Mariano. Se fueron con 2 meses de distancia, ella en abril, él en junio. Y fue el año más difícil de toda mi existencia. Poco a poco he ido saliendo del hoyo depresivo tan profundo en el que me sumí. Es por eso que necesitaba algo que simbolizara todo esto. Quizá hay más formas, pero yo sentí que ésta era la mía. Así que me armé de valor y hoy por fin, fui a tatuarme. Son unas alitas y en medio -en el cuerpo, por llamarlo de algún modo- las iniciales RM. Las suyas. Las mias. Porque yo llevo su nombre, yo me llamo así por ellos y gracias a ellos. Me las puse en la espalda.

¿Pero porqué un tatuaje? Necesitaba algo que me marcara. Yo no soy la misma desde que se fueron, no puedo ni quiero serlo. Tenía que hacer visible esa diferencia, ese cambio. Y sabía que tenía que ser así, llevarlos en la piel, con todo el dolor que conlleva. Dejarlos ir a cambio de que se queden para siempre conmigo. Que me cuiden las espaldas, pero más que ángeles guardianes, introyectarlos, hacerlos míos, guardar todo lo bueno que me dieron ya que gracias a eso no me desmoroné cuando murieron. En la espalda que tantas veces me rascó mi tía Rosa cada vez que me angustiaba, que no podía dormir, que necesitaba cariño, amor, desde bebé hasta hace tan poco. En la espalda que me recuerda a la espalda llena de lunares de mi abuelo, esa espalda que fue lo suficientemente fuerte para soportar tantas dificultades.

Con cada pinchazo lloraba a mares. No dolió tanto (no después de haber soportado depilación con cera en todo, todo el cuerpo). Era más bien un llanto catártico, esas últimas lágrimas de dolor por ellos. Porque para ellos van dedicadas. Porque les he llorado hasta vaciarme. Me siguen haciendo falta, siempre será así, pero la cicatriz ya está terminando de cerrar. Y se convertirá en eso, en una marca.

No creo que me haga otro. Hasta ahorita siento que por muchas dificultades -o por muchas alegrías- nada va a ser tan significativo como la muerte de Rosa y Mariano. Y Rosa Mariana -o sea yo- seguirá adelante.

lunes, 11 de junio de 2012

Mi dolor


Conozco perfectamente mi dolor:
viene conmigo disfrazado en la sangre
y se ha construido una risa especial
para que no pregunten por su sombra.
Mi dolor, ah, queridos,
mi dolor, ah, querida,
mi dolor, es capaz de inventaros un pájaro,
un cubo de madera
de esos donde los niños
le adivinan un alma musical al alfabeto,
un rincón entrañable
y tibio como la geografía del vino
o como la piel que me dejó las manos
sin pronunciar el himno de tu ancha desnudez de mar
Mi dolor tiene cara de rosa,
de primavera personal que ha venido cantando.
Tras ella esconde su violento cuchillo,
su desatado tigre que me rompió las venas desde antes de nacer
y que trazó los días
de lluvia y de ceniza que mantengo.
Amo profundamente mi dolor,
como a un hijo malo.

  Roque Dalton