- No me gusta festejar, principalmente porque mi fantasía más aterradora es convocar a una fiesta y que no vaya nadie. En esa escena, tengo todo perfectamente preparado, globos, serpentinas, pastel... y nadie llega. En verdad es un fantasma angustiante. Es por eso que evito las fiestas, es lo mismo que hago con todo lo demás en mi vida: no espero nada de nadie para no decepcionarme.
- Sí festejé en grande al llegar a los 30, más porque necesitaba algo que me sacara de la depresión profunda por la que estaba pasando al haber perdido a los dos seres que más amaba en la vida meses atrás, que porque sintiera necesario el festejo. Sin embargo, lo fue. Sirvió para darme cuenta que hay gente a mi alrededor que me quiere. También reconozco que fue una especie de rito de iniciación para pasar a la tercera década.
- De ahí entendí que llegar a los 30 sí fue un asunto importante. Quizá los 30 sean los nuevos 20, pero mientras tanto, sí es una minicrisis. Llegar a la época en que quizá ya debería estar en un lugar muy distinto al que estoy ahora, a lo mejor ya debería tener casa, hijos, marido, estabilidad económica. Debería según muchos parámetros de afuera que al final de cuentas hacen resonancia adentro. Y reflexionar, reflexionar que quizá no estoy donde los demás esperan que esté pero estoy en el camino de estar donde yo quiero estar.
- Me pudo más cumplir 31 que 32. A lo mejor es que los primeros suenan a más de 30 y los segundos se ven tan lejanos a los 40.
- Me siento como una oruga a punto de salir de la crisálida. Mucho por la edad, pero mucho más por el trabajo personal que he tenido que hacer a partir de que me quedé sola y en la nada. Y es una sensación atemorizante pero emocionante, puedo sentir el viento en mi cara, al filo del precipicio, pero no hay marcha atrás. Eso es lo emocionante, ya no hay marcha atrás.
- Han sido 32 años bien vividos. Bien sentidos. Bien llorados. Bien reidos. Bien gozados. Bien sufridos. Y bien llevados, creo.
el que busca encuentra
domingo, 20 de octubre de 2013
32
Hace unos días cumplí 32. Esto de cumplir años nunca se me ha dado y de ahí surgen algunos apuntes del hecho de pasar de un número a otro.
domingo, 25 de agosto de 2013
Domingo triste
Soñé que tenía cáncer. Es la segunda vez que lo sueño. Y no, no creo que sea premonitorio, para el psicoanálisis no es eso. Pero sí despierto muy angustiada porque mi inconsciente me quiere decir algo. Me quiere decir que hay algo que me está carcomiendo por dentro, que me está matando lentamente y tengo que hacer algo antes de que lo logre.
También me hace pensar en mi tía Rosa. Ella murió de cáncer. Primero tuvo cáncer de seno y todo parecía indicar que había sido erradicado por completo. Y mis dos sueños se tratan de eso. En el primero me veo al espejo desnuda y veo a mis senos llenos de llagas y cicatrices, eso me asusta mucho, volteo a verme y me pongo muy triste de verme así de dañada. Creo que llegué a la palabra correcta: DAÑADA. Así me siento ultimamente, como si la vida en estos momentos solo se tratara de daño. Y no se muy bien cómo esquivar los golpes. El sueño de anoche era parecido: me veía al espejo y levantaba los brazos, me daba cuenta que algo andaba mal en uno de mis senos, yo recordaba que esa era una de las señales del cáncer. Y me preocupaba mucho, me angustiaba el saberme enferma, me agobiaba pensar en la operación y el dinero que iba a necesitar, de dónde lo iba a sacar, etc. Estaba rodeada de mi familia, pero no recuerdo en el sueño que eso sirviera de algo, que eso me consolara. Es eso, se que tengo una familia, pero no me sirve de mucho en momentos como éste.
Lo bueno que le puedo ver a este último sueño es que por lo menos está localizado el daño. Y me dice que me estoy dando cuenta. Ese pecho enfermo. Ese pecho enfermo y dañado ya sé qué es. Y tengo que extirparlo o repararlo antes de que me mate.
También me hace pensar en mi tía Rosa. Ella murió de cáncer. Primero tuvo cáncer de seno y todo parecía indicar que había sido erradicado por completo. Y mis dos sueños se tratan de eso. En el primero me veo al espejo desnuda y veo a mis senos llenos de llagas y cicatrices, eso me asusta mucho, volteo a verme y me pongo muy triste de verme así de dañada. Creo que llegué a la palabra correcta: DAÑADA. Así me siento ultimamente, como si la vida en estos momentos solo se tratara de daño. Y no se muy bien cómo esquivar los golpes. El sueño de anoche era parecido: me veía al espejo y levantaba los brazos, me daba cuenta que algo andaba mal en uno de mis senos, yo recordaba que esa era una de las señales del cáncer. Y me preocupaba mucho, me angustiaba el saberme enferma, me agobiaba pensar en la operación y el dinero que iba a necesitar, de dónde lo iba a sacar, etc. Estaba rodeada de mi familia, pero no recuerdo en el sueño que eso sirviera de algo, que eso me consolara. Es eso, se que tengo una familia, pero no me sirve de mucho en momentos como éste.
Lo bueno que le puedo ver a este último sueño es que por lo menos está localizado el daño. Y me dice que me estoy dando cuenta. Ese pecho enfermo. Ese pecho enfermo y dañado ya sé qué es. Y tengo que extirparlo o repararlo antes de que me mate.
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domingo, 18 de agosto de 2013
Cada vez actualizo con menos frecuencia. Y no es que no me acuerde del blog. De hecho me acuerdo mucho cuando por alguna u otra razón, tengo la necesidad de ordenar las ideas de mi cabeza. Ni facebook ni twitter permiten eso. Sin embargo, creo que también hay cierta resistenacia a poner orden.
Pero hoy es domingo. Y no hay mayor soledad que pasar sola un domingo. Ya se que no debería sentirme mal por estar sola, pero hay momentos en que esa soledad aprieta y hace que se añoren cosas que, vistas a la distancia, parecían buenas. Aunque en realidad no lo sean, es sólo la ilusión y el filtro los que lo hacen parecer así. Creo que los siguientes meses tendré suficiente tiempo libre para seguir pensando en esto. Quizá escriba más seguido. Quizá necesite más este espacio transicional que de pronto dejo tan abandonado.
Pero hoy es domingo. Y no hay mayor soledad que pasar sola un domingo. Ya se que no debería sentirme mal por estar sola, pero hay momentos en que esa soledad aprieta y hace que se añoren cosas que, vistas a la distancia, parecían buenas. Aunque en realidad no lo sean, es sólo la ilusión y el filtro los que lo hacen parecer así. Creo que los siguientes meses tendré suficiente tiempo libre para seguir pensando en esto. Quizá escriba más seguido. Quizá necesite más este espacio transicional que de pronto dejo tan abandonado.
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domingo, 16 de junio de 2013
El psicoanálisis no es una herramienta
"El
psicoanálisis no es una herramienta, es realmente una actitud de la importancia
del inconsciente en nuestras vidas. Una actitud de no dejarse llevar por
simples y convenientes explicaciones. Una actitud que se da cuenta de que, en
gran parte de nuestras vidas, intentamos encontrar excusas en lugar de afrontar
nuestras deficiencias, lo cual es un primer paso en el esfuerzo de corregirlas.
Es una actitud de intentar comprender a otras personas sin críticas y,
ciertamente, no basados en nuestras referencias favoritas o en nuestros
prejuicios, sino intentar entender a las personas desde sus propias
motivaciones, desde su propia historia más que de la base de nuestra propia
experiencia”.
-Bruno Bettleheim.
lunes, 1 de abril de 2013
Entre proyecciones thanáticas te veas...
Hay personas que viven proyectando su pulsión de muerte y otros son
quienes la cargan. Una de ellas es mi madre. Y los pobres animales son
las víctimas de sus defensas primitivas.
Lo explico. Nunca ha sido muy hacendosa ni muy responsable que digamos, así que las mascotas sobreviven por obra y gracia de Dios. Pero de un tiempo a la fecha, es más evidente que los pobrecillos animalitos se han convertido en el blanco de sus proyecciones thanáticas. Quizá podría empezar a contar desde la Doris, mi perrita french poodle. Me la compraron cuando yo tenía como 11 años, y vivió como 10, un día me llamó mi mamá diciendo que la habían atropellado porque se salió a la calle y se atravesó sin fijarse. Eso fue hace como 10 años.
Años después llegó la Frida, otra perrita de la misma raza. Vivió como 5 años hasta que hace 2, con la enfermedad de mi tía Rosa todo se desequilibró. Poco más de un mes después de su muerte, la Frida la acompañó. Mi mamá explicó que se había enfermado o le había dado una infección o algo así... no lo supo explicar muy bien, pero tampoco se veía muy preocupada.
Después compró a la Cherry. Esa sólo duró unos cuantos meses porque se la robaron afuera de la casa. Si. Tal cual. Simplemente desapareció.
Finalmente adoptó a la Pinky, una perrita sorda, pequeña. Se la pasaba quejándose de ella, se enfermó varias veces y si no hubiera sido porque yo la llevaba al veterinario, quizá hubiera muerto mucho antes. Pero ahora que se quedó sola porque mi hermana se fue a trabajar a otra ciudad y yo no había ido a visitarla, simplemente un día llamó diciendo que se le había perdido. Días después confirmó que se había muerto, también atropellada.
Lo peor es que nunca parece preocupada, angustiada. Es como si hablara de los jitomates, de la novela. Mi mamá tiene la edad mental de un niño de 5 años. Y sus reacciones lo demuestran. Ayer me decía: ay, quisiera comprar otro perro... para ella las cosas son así: se rompió, ni modo; se murió, ni modo.
Esto me sirve para varias cosas. Primero para entender que así es ella. Y que por lo mismo no le puedo pedir que me de algo para lo cual no está configurada. Segundo, que agradezco haber sido cuidada por otra persona, porque quien sabe qué hubiera sido de mí en sus manos. Es triste saber que así es ella, pero es parte del ser adulto el asumir que los padres son como son. Ni más ni menos.
Lo explico. Nunca ha sido muy hacendosa ni muy responsable que digamos, así que las mascotas sobreviven por obra y gracia de Dios. Pero de un tiempo a la fecha, es más evidente que los pobrecillos animalitos se han convertido en el blanco de sus proyecciones thanáticas. Quizá podría empezar a contar desde la Doris, mi perrita french poodle. Me la compraron cuando yo tenía como 11 años, y vivió como 10, un día me llamó mi mamá diciendo que la habían atropellado porque se salió a la calle y se atravesó sin fijarse. Eso fue hace como 10 años.
Años después llegó la Frida, otra perrita de la misma raza. Vivió como 5 años hasta que hace 2, con la enfermedad de mi tía Rosa todo se desequilibró. Poco más de un mes después de su muerte, la Frida la acompañó. Mi mamá explicó que se había enfermado o le había dado una infección o algo así... no lo supo explicar muy bien, pero tampoco se veía muy preocupada.
Después compró a la Cherry. Esa sólo duró unos cuantos meses porque se la robaron afuera de la casa. Si. Tal cual. Simplemente desapareció.
Finalmente adoptó a la Pinky, una perrita sorda, pequeña. Se la pasaba quejándose de ella, se enfermó varias veces y si no hubiera sido porque yo la llevaba al veterinario, quizá hubiera muerto mucho antes. Pero ahora que se quedó sola porque mi hermana se fue a trabajar a otra ciudad y yo no había ido a visitarla, simplemente un día llamó diciendo que se le había perdido. Días después confirmó que se había muerto, también atropellada.
Lo peor es que nunca parece preocupada, angustiada. Es como si hablara de los jitomates, de la novela. Mi mamá tiene la edad mental de un niño de 5 años. Y sus reacciones lo demuestran. Ayer me decía: ay, quisiera comprar otro perro... para ella las cosas son así: se rompió, ni modo; se murió, ni modo.
Esto me sirve para varias cosas. Primero para entender que así es ella. Y que por lo mismo no le puedo pedir que me de algo para lo cual no está configurada. Segundo, que agradezco haber sido cuidada por otra persona, porque quien sabe qué hubiera sido de mí en sus manos. Es triste saber que así es ella, pero es parte del ser adulto el asumir que los padres son como son. Ni más ni menos.
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sábado, 30 de marzo de 2013
Consuelo onírico
Hoy fue día -o más bien noche- de sueños raros. Se acerca el segundo aniversario de la muerte de mi tía y he estado soñando con ella recurrentemente. El sueño de anoche fue especialmente emotivo. Primero me acompañaba para llegar a algún lugar, pero daba una vuelta equivocada y teníamos que detenernos a preguntar y rectificar el camino. Ella seguía conmigo, a pesar de que ella no sabía a dónde íbamos porque estábamos en Morelia. Después, cambió el escenario. Estábamos en un patio muy grande, la veía llegar en una camioneta y tras de ella otras tantas iguales, 4 o 5. Ella decía que nos las iba a regalar, había una conciencia en el aire de que ella iba a morir y por eso estaba haciendo eso. Se bajaba de la camioneta y yo la abrazaba, le decía que era lo que más amaba en la vida y comenzábamos a llorar. Ella me decía que también me quería mucho...
Es bastante claro. Su fuerza me acompaña. Sigue conmigo. Y la sigo extrañando.
Es bastante claro. Su fuerza me acompaña. Sigue conmigo. Y la sigo extrañando.
Dudas al aire
Parece que ultimamente sólo hablo del amor. Del amor o de la falta de él. No es casualidad, es cierto: el amor está en el aire. Todos mis pacientes asisten a terapia por problemas del corazón... que eso tenga que ver con otras cosas, eso ya es otra cosa. Pero lo cierto es que nadie está inmune, hasta el más duro se siente bien cuando alguien le dice que lo quiere.
Y aquí estoy de nuevo, con miles de telarañas en mi cabeza, miles de nudos en la garganta y miles de astillas en el corazón. Me pregunto ¿tiene sentido esperar? ¿no será mejor dar todo por perdido? Se me ha acusado de frustrarme demasiado rápido, de abandonar todo inmediatamente, de juzgar con severidad y de cobrarle a los otros cosas que no tienen porqué pagar ni cargar. Pero... ¿cómo saber cuando renunciar y cuando luchar? ¿cómo saber cuando es suficiente y cuando no? ¿cómo saber si tiene sentido invertir tiempo, dinero y esfuerzo?
Yo no soy de esas personas que "vive el momento", de esas que dicen entregarse intensamente aunque después el descalabro duela, porque al fin y al cabo "lo que importa es lo vivido". No. Yo soy cautelosa, paranoica incluso... no doy un paso hasta estar segura que no es en falso... es por eso que ultimamente me he sentido tan mal, porque tal parece que he interpretado mal las señales o he querido ver cosas donde no las hay. He querido hacer las cosas distintas y no me salen. Eso duele.
Y sin embargo quiero seguir creyendo. Quiero pensar que mi vida puede ser distinta y que me merezco lo que tanto me empeño en tener. Alguien me dijo el otro día que soy una persona "querible", que los otros no desaparecerán de la noche a la mañana porque les importo al final de cuentas, y que lo que yo soy y lo que hago y lo que doy es lo suficientemente fuerte para hacer que permanezcan a mi lado. Tendré que empezar a creerlo.
Y aquí estoy de nuevo, con miles de telarañas en mi cabeza, miles de nudos en la garganta y miles de astillas en el corazón. Me pregunto ¿tiene sentido esperar? ¿no será mejor dar todo por perdido? Se me ha acusado de frustrarme demasiado rápido, de abandonar todo inmediatamente, de juzgar con severidad y de cobrarle a los otros cosas que no tienen porqué pagar ni cargar. Pero... ¿cómo saber cuando renunciar y cuando luchar? ¿cómo saber cuando es suficiente y cuando no? ¿cómo saber si tiene sentido invertir tiempo, dinero y esfuerzo?
Yo no soy de esas personas que "vive el momento", de esas que dicen entregarse intensamente aunque después el descalabro duela, porque al fin y al cabo "lo que importa es lo vivido". No. Yo soy cautelosa, paranoica incluso... no doy un paso hasta estar segura que no es en falso... es por eso que ultimamente me he sentido tan mal, porque tal parece que he interpretado mal las señales o he querido ver cosas donde no las hay. He querido hacer las cosas distintas y no me salen. Eso duele.
Y sin embargo quiero seguir creyendo. Quiero pensar que mi vida puede ser distinta y que me merezco lo que tanto me empeño en tener. Alguien me dijo el otro día que soy una persona "querible", que los otros no desaparecerán de la noche a la mañana porque les importo al final de cuentas, y que lo que yo soy y lo que hago y lo que doy es lo suficientemente fuerte para hacer que permanezcan a mi lado. Tendré que empezar a creerlo.
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